lunes, 26 de noviembre de 2012

"Acciones Contra Leyes y Actos Inconstitucionales


MANUAL PRACTICO PARA COMBATIR LAS ATROCIDADES GUBERNAMENTAL Y LEYES  INCOSNTITUCIONALES

 

INDICE


I-) “CONTRA LAS LEYES Y NORMAS INCONSTITUCIONALES RECURSOS DE AMPAROS Y 350”

II-) “ACTIVEMONOS  INVOCANDO EL ART.350 CN”
III-) “SOBRE EL DERECHO DE SER AMPARADOS”
IV-) “SOBE LA ACCIÓN DE AMPARO E INAPLICACIÓN DE LAS NORMAS INCONTITUCIONALES Y ACCIÓN POPULAR“   (IMPOTANTE)
V-) ¿ANTE QUIEN INTENTAR LAS ACCIONES?
VI-) ¿COMO HACER LA SOLICITIUD?

VII-) CONCLUSIONES

 

I

“CONTRA LAS LEYES Y NORMAS INCONSTITUCIONALES RECURSOS DE AMPAROS Y 350”


      Después de leer cada día la preocupación de muchos ciudadanos sobre qué hacer contra las reiteradas y descaradas violaciones a la Constitución Nacional y a las Leyes por parte del oficialismo, y más cuando se procura meternos de contrabando Leyes como  (“Ley del Poder Popular”, “Ley de la Controlaría Social”, “Ley de Planificación Pública” y la “Ley de Comunas”) esta ultima  tal como ocurre con El Estado Comunista o Comunas Socialistas que nos quiere implantar el Régimen   y que según palabras del mandatario “La Comuna es la esencia de la organización del Estado de la revolución bolivariana. Una entidad local socialista….Cada comuna recibirá recursos del Estado, contará con un Parlamento Comunal y una Carta que garantizará la primacía del interés colectivo sobre el interés particular”,  y que no es más que una trasnochada mala experiencia, tal como lo denominaban Marx, Engels, Lenin, Trosky  la “Dictadura del Proletariado” y empleadas por las organizaciones comunales Soviéticos, los “Congresos Populares” de la Libia de Kadafi y de los “Comités de Defensa de la Revolución” cubana,  regímenes que para garantizarse la obediencia de sus pueblos recurren al terror y a la violación flagrante de los Derechos Humanos y que han mal inspirado al mandatario nacional, modificando a lo establecida en nuestra Constitución,  reemplazando a la Asamblea Nacional, sino lo que es más grave aún como es sustituir a nuestra Carta Magna por una “nueva Constitución”, como lo reconoce expresamente el propio mandatario al señalar la creación de “una Carta que garantice la primacía del interés colectivo sobre el particular”, y si leen el Artículo 4 punto de la Ley de Comunas habla de una nueva Carta fundacional: Instrumento aprobado en referendo popular, donde las comunidades expresan su voluntad de constituirse en Comuna, en su respectivo ámbito geográfico, contentiva de la declaración de principios, censo poblacional, diagnóstico sobre los principales problemas y necesidades de su población, inventario de las potencialidades económicas, sociales, culturales, ambientales, y opciones de desarrollo”. y que posiblemente convoque a principios del primer semestre del año 2.013, razones  que  me hace  reflexionar y buscar dentro de este limbo de incertidumbres salidas a esta nefasta situación que vive nuestro pueblo en general (chavista o no).
    Sostengo que tenemos salidas y vías desde la Jurídica pasando por la Electoral para poder invocar el Art 350 de la Constitución Nacional, pero tenemos que estar organizados en una gran alianza nacional y ¡No! en una Unión de partidos políticos, dejando a un lado tantas discusiones efímeras ya que tenemos que actuar unidos, para interponer cuantas acciones sean necesarias  de acuerdo a la materia y a las normas  vulneradas, sin abandonar nuestro legitimo y sagrado Derecho Constitucional de Protestar, a la par debemos estar alerta y denunciar internacionalmente las reiteradas violaciones a nuestra Carta Magma.
II
“ACTIVEMONOS  INVOCANDO EL ART.350 CN”
     Considero que es necesario en primer lugar que instar a nuestros Diputados de la AN para que en representación de la mayoría del pueblo de Venezuela, desconozcan dichas legislaciones por ser contrarias a los valores, principios y garantías democráticas, llamando al país a actuar en consonancia con dicho desconocimiento ejerciendo de esta manera el Derecho que establece el Artículo 350 de la Constitución de la República y que  ellos pueden invocar, del ejemplo que los diputados den al desconocer formalmente dichas leyes, dependerá la reacción de la población en una desobediencia generalizada, como corresponde a la circunstancia que enfrentamos en el país.
    A esta acción y a cualquier Recurso, tal como el  de Nulidad interpuesto por el amigo Pablo Medina debemos sumarnos todos sin excepción llámense Gobernadores, Alcaldes, Ediles, Diputados Nacionales y Estadales, los Gremios, la Sociedad Civil en General si excepción, ya que el problema es de todos sin distingo de ideología, y si no hacemos nada, quedaremos subordinados al Estado Comunistas  o Comunal. Recordemos que al poder usurpado solo lo frena el poder de un país democráticamente ¡arrecho¡; y si nuestros Diputados no quieren hacer nada entonces nos activaremos solos espontáneamente sin liderazgo eso si sería lamentable; es por lo que debemos estar unidos y organizados y más que en estos momento que vienen días peligrosos para nuestro sistema Democrático sobre todo para mediados del año 2.013 que el Teniente Coronel, busque modificar la Constitución, sobre todo en lo relativo a las Faltas Absolutas de Presidentes de la Republica art 233 (entre otros artículos), por eso veo la importancia de recurrir a Votar el 16 de Diciembre, demostrando que no estamos desactivados y que esos 7 Millones incluidos los que votaron por error de la Tarjeta Unitaria NULOS del 7Oct estamos dispuesto a luchar por todos los medios Jurídicamente establecidos en nuestras leyes y en la Constitución y pase lo que pase, debemos estar organizados y podamos defender nuestros derechos y proteger nuestra Constitución Nacional.
III

                   SOBRE EL DERECHO DE SER AMPARADOS”

   El artículo 27 de la Constitución de 1999 consagra, en términos similares al artículo 49 de la Constitución de 1961, el Derecho a ser amparado “...por los Tribunales en el goce y ejercicio de los Derechos y Garantías Constitucionales, aún de aquellos inherentes a la persona que no figuren expresamente en esta Constitución o en los instrumentos internacionales sobre derechos humanos”. La referida disposición constitucional prevé de manera general el derecho de todos los ciudadanos a ejercer la acción de Amparo Constitucional a los fines de garantizar el ejercicio efectivo de sus derechos y garantías constitucionales; sin embargo, nada dispone –tampoco lo hacía el citado artículo 49- respecto al ámbito material de ese mecanismo de protección.


IV

“QUIEN PUEDE ACTIVARLO”


   El Artículo 333 de nuestra Carta Fundamental encontramos la base que nos legitima al establecer para proceder  en defensa de nuestros Derechos al consagrar:
       “Esta Constitución no perderá su vigencia si dejare de observarse por acto de fuerza o porque fuere derogada por cualquier otro medio distinto al previsto en ella.
         En tal eventualidad, todo ciudadano investido o ciudadana investida o no de autoridad, tendrá el deber de colaborar en el restablecimiento de su efectiva vigencia”
  En concordancia con  el Artículo 1.- de la “Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales” que nos establece:
       “Toda persona natural habitante de la República, o persona jurídica domiciliada en ésta, podrá solicitar ante los Tribunales competentes el amparo previsto en el artículo 49 de la Constitución, para el goce y el ejercicio de los derechos y garantías constitucionales, aún de aquellos derechos fundamentales de la persona humana que no figuren expresamente en la Constitución, con el propósito de que se restablezca inmediatamente la situación jurídica infringida o la situación que más se asemeje a ella.
       La garantía de la libertad personal que regula el habeas corpus constitucional, se regirá por esta Le”.
IV
“SOBE LA ACCIÓN DE AMPARO E INAPLICACIÓN DE LAS NORMAS INCONTITUCIONALES Y ACCIÓN POPULAR“   (IMPOTANTE)

   Para las diferentes situaciones que se nos presenta  tenemos un ramillete de Recursos en especial tenemos a Acción de Amparos con Inaplicación contra cada una de las Leyes y de las Normas Inconstitucionales Violadas conjuntamente con una acción Popular consagrada en el Articulo 3 de la Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales:
  Artículo 3.- También es procedente la acción de amparo, cuando la violación o amenaza de violación deriven de una norma que colida con la Constitución. En este caso, la providencia judicial que resuelva la acción interpuesta deberá apreciar la inaplicación de la norma impugnada y el Juez informará a la Corte Suprema de Justicia acerca de la respectiva decisión.
        La acción de amparo también podrá ejercerse conjuntamente con la acción popular de inconstitucionalidad de las leyes y demás actos estatales normativos, en cuyo caso, la Corte Suprema de Justicia, si lo estima procedente para la protección constitucional, podrá suspender la aplicación de la norma respecto de la situación jurídica concreta cuya violación se alega, mientras dure el juicio de nulidad.
V
¿ANTE QUIEN INTENTAR LAS ACCIONES?
Artículo 8. La Corte Suprema de Justicia conocerá, en única instancia y mediante aplicación de los lapsos y formalidades previstos en la Ley, en la sala de competencia afín con el derecho o garantía constitucionales violados o amenazados de violación, de las acciones de amparo contra los hechos, actos y omisiones  emanados  del  Presidente  de  la  República,  de  los  Ministros,  del  Consejo Supremo Electoral y demás organismos electorales del país, del Fiscal General de la República, del Procurador General de la República o del Contralor.
VI
¿Cómo  HACER LA SOLICITIUD?

    Puede hacerse verbal o escrita y si no puedes trasladarte  a un Tribunal puedes hacerlo vía telegrama (Art 16 LOA), igualmente puedes hacerlo a través de la Internet llenando el formulario ante la página Oficial del TSJ,  pero tienes tres días para presentarte a ratificar personalmente o mediante apoderados. Igualmente también está permitido realizarlo vía Internet (Ver Siguiente LINK)
VII
CONCLUSIONES EN TIPS
1- ) Unirnos más y dejar las peleaderas cual niñitas por una muñeca cuando está JUEGO es el FUTURO de VENEZUELA
2-) Instar a todos los Gremios Sociedades, Civiles, Federaciones, Gobiernos Regionales, Diputados, Concejales, Alcaldías etc., a intentar todas las acciones habidas, conjuntamente con acciones populares consagradas en nuestras leyes y en  la Constitución, la idea es reconstituir cuantas pruebas sean necesarias  en el caso de que sean declaradas Inadmisibles queda en evidencia al inexistencia de una Separación de Poderes y en el caso que creo que ocurrirá es que sean admitidas más retrasen el proceso y/o Declaren SIN LUGAR nuestras pretensiones, quedarían confesos,  y en estos casos reunimos las pruebas para que nuestros especialistas recurran INTERNACIONALMENTE y podamos activarnos en 333+350 CN.
3- ) Deja de llamar a la ABSTENCIÓN, no importando su resultado lo  que más importa es demostrar que nos mantenemos Unidos y Activados esos más de 7 Millones que nos encontramos en Territorio Nacional para rechazar las intenciones de MODIFICAR la Constitución (al Gobierno sabe contar y le preocupa estos números, y saben que es un tremendo freno), por eso está en marcha un plan para llamar a la abstención desde las chavismo aún desde el exterior por lo que recomiendo  ¡NO HACERNOS ECO!
4- ) No dejar de protestar eso le molesta al Gobierno ART 333 + 350 CN y no bajar la guardia
5- ) Recuerden: Que en la guerra como en el Amor todo es permitido entonces debemos “Unirnos, Denunciar,  Protestar, Votar, Demandar EN CAYAPA,  ya que todos los Caminos Conducen a Roma y a la Haya”

“DIOS CUIDE Y PROTEJA A VENEZUELA”


                   
  

         "Constitución de la República Bolivariana de Venezuela 1.999" http://www.tsj.gov.ve/legislacion/constitucion1999.htm

 

"Ley Orgánica de Amparo sobre Derechos y Garantías Constitucionales"

http://www.tsj.gov.ve/legislacion/loadgc.html



“LEY INCONSTITUCIONAL DE COMUNAS”

lunes, 13 de agosto de 2012

"Muerte constante más allá del amor"


Gabriel García Márquez
(Aracata, Colombia 1928—)


Muerte constante más allá del amor

         Al senador Onésimo Sánchez le faltaban seis meses y once días para: morirse cuando encontró a la mujer de su vida. La conoció en el Rosal del Virrey, un pueblecito ilusorio que de noche era una dársena furtiva para los buques de altura de los contrabandistas, y en cambio a pleno sol parecía el recodo más inútil del desierto, frente a un mar árido y sin rumbos, y tan apartado de todo que nadie hubiera sospechado que allí viviera alguien capaz de torcer el destino de nadie. Hasta su nombre parecía una burla, pues la única rosa que se vio en aquel pueblo la llevó el propio senador Onésimo Sánchez la misma tarde en que conoció a Laura Farina.
         Fue una escala ineludible en la campaña electoral de cada cuatro años. Por la mañana habían llegado los furgones de la farándula. Después llegaron los camiones con los indios de alquiler que llevaban por los pueblos para completar las multitudes de los actos públicos. Poco antes de las once, con la música y los cohetes y los camperos de la comitiva, llegó el automóvil ministerial del color del refresco de fresa. El senador Onésimo Sánchez estaba plácido y sin tiempo dentro del coche refrigerado, pero tan pronto como abrió la puerta lo estremeció un aliento de fuego y su camisa de seda natural quedó empapada de una sopa lívida, y se sintió muchos años más viejo y más solo que nunca. En la vida real acababa de cumplir 42, se había graduado con honores de ingeniero metalúrgico en Gotinga, y era un lector perseverante aunque sin mucha fortuna de los clásicos latinos mal traducidos. Estaba casado con una alemana radiante con quien tenía cinco hijos, y todos eran felices en su casa, y él había sido el más feliz de todos hasta que le anunciaron, tres meses antes, que estaría muerto para siempre en la próxima Navidad.
         Mientras se terminaban los preparativos de la manifestación pública, el senador logró quedarse solo una hora en la casa que le habían reservado para descansar, Antes de acostarse puso en el agua de beber una rosa natural que había conservado viva a través del desierto, almorzó con los cereales de régimen que llevaba consigo para eludir las repetidas fritangas de chivo que le esperaban en el resto del día, y se tomó varias píldoras analgésicas antes de la hora prevista, de modo que el alivio le llegara primero que el dolor. Luego puso el ventilador eléctrico muy cerca del chinchorro y se tendió desnudo durante quince minutos en la penumbra de la rosa, haciendo un grande esfuerzo de distracción mental para no pensar en la muerte mientras dormitaba. Aparte de los médicos, nadie sabía que estaba sentenciado a un término fijo, pues había decidido padecer a solas su secreto, sin ningún cambio de vida, y no por soberbia sino por pudor.
         Se sentía con un dominio completo de su albedrío cuando volvió a aparecer en público a las tres de la tarde, reposado y limpio, con un pantalón de lino crudo y una camisa de flores pintadas, y con el alma entretenida por las píldoras para el dolor. Sin embargo, la erosión de la muerte era mucho más pérfida de lo que él suponía, pues al subir a la tribuna sintió un raro desprecio por quienes se disputaron la suerte de estrecharle la mano, y no se compadeció como en otros tiempos de las recuas de indios descalzos que apenas si podían resistir las brasas de caliche de la placita estéril. Acalló los aplausos con una orden de la mano, casi con rabia, y empezó a hablar sin gestos, con los ojos fijos en el mar que suspiraba de calor. Su voz pausada y honda tenía la calidad del agua en reposo, pero el discurso aprendido de memoria tantas veces machacado no se le había ocurrido por decir la verdad sino por oposición a una sentencia fatalista del libro cuarto de los recuerdos de Marco Aurelio.
         —Estamos aquí para derrotar a la naturaleza —empezó, contra todas sus convicciones—. Ya no seremos más los expósitos de la patria, los huérfanos de Dios en el reino de la sed y la intemperie, los exilados en nuestra propia tierra. Seremos otros, señoras señores, seremos grandes y felices.
         Eran las fórmulas de su circo. Mientras hablaba, sus ayudantes echaban al aire puñados de pajaritos de papel, y los falsos animales cobraban vida, revoloteaban sobre la tribuna de tablas y se iban por el mar. Al mismo tiempo, otros sacaban de los furgones unos árboles de teatro con hojas de fieltro y los sembraban a espaldas de la multitud en el suelo de salitre. Por último armaron una fachada de cartón con casas fingidas de ladrillos rojos y ventanas de y taparon con ella los ranchos miserables de la vida real.
         El senador prolongó el discurso, con dos citas en latín, para darle tiempo a la farsa. Prometió las máquinas de llover, los criaderos portátiles de animales de mesa, los aceites de la felicidad que harían crecer legumbres en el caliche y colgajos de trinitarias en las ventanas. Cuando vio que su mundo de ficción estaba terminado, lo señaló con el dedo.
         —Así seremos, señoras y señores —gritó—. Miren. Así seremos.
         El público se volvió. Un trasatlántico de papel pintado pasaba por detrás de las casas, y era más alto que las casas más altas de la ciudad de artificio. Sólo el propio senador observó que a fuerza de ser armado y desarmado, y traído de un lugar para el otro, —también el pueblo de cartón superpuesto estaba carcomido por la intemperie, y era casi tan pobre y polvoriento y triste como el Rosal del Virrey.
         Nelson Farina no fue a saludar al senador por primera vez en doce años. Escuchó el discurso desde su hamaca, entre los retazos de la siesta, bajo la enramada fresca de una casa de tablas sin cepillar que se había construido con las mismas manos de boticario con que descuartizó a su primera mujer. Se había fugado del penal de Cayena y apareció en el Rosal del Virrey en un buque cargado de guacamayas inocentes, con una negra hermosa y blasfema que se encontró en Paramaribo, y con quien tuvo una hija. La mujer murió de muerte natural poco tiempo después, y no tuvo la suerte de la otra cuyos pedazos sustentaron su propio huerto de coliflores, sino que la enterraron entera y con su nombre de holandesa en el cementerio local. La hija había heredado su color y sus tamaños, y los ojos amarillos y atónitos del padre, y éste tenía razones para suponer que estaba criando a la mujer más bella del mundo.
         Desde que conoció al senador Onésimo Sánchez en la primera campaña electoral, Nelson Farina había suplicado su ayuda para obtener una falsa cédula de identidad que lo pusiera a salvo de la justicia. El senador, amable pero firme, se la había negado. Nelson Farina no se rindió durante varios años, y cada vez que encontró una ocasión reiteró la solicitud con un recurso distinto. Pero siempre recibió la misma respuesta. De modo que aquella vez se quedó en el chinchorro, condenado a pudrirse vivo en aquella ardiente guarida de bucaneros. Cuando oyó los aplausos finales estiró la cabeza, y por encima de las estacas del cercado vio el revés de la farsa: los puntales de los edificios, las armazones de los árboles, los ilusionistas escondidos que empujaban el trasatlántico. Escupió su rencor.
         —Merde —dijo— c'est le Blacaman de la politique.
         Después del discurso, como de costumbre, el senador hizo una caminata por las calles del pueblo, entre la música y los cohetes, y asediado por la gente del pueblo que le contaba sus penas. El senador los escuchaba de buen talante, y siempre encontraba una forma de consolar a todos sin hacerles favores difíciles. Una mujer encaramada en el techo de una casa, entre sus seis hijos menores, consiguió hacerse oír por encima de la bulla y los truenos de pólvora.
         —Yo no pido mucho, senador —dijo—, no más que un burro para traer agua desde el Pozo del Ahorcado.
         El senador se fijó en los seis niños escuálidos.
         —¿Qué se hizo tu marido? —preguntó.
         —Se fue a buscar destino en la isla de Aruba— contestó la mujer de buen humor—, y lo que se encontró fue una forastera de las que se ponen diamantes en los dientes.
         La respuesta provocó un estruendo de carcajadas.
         —Está bien —decidió el senador— tendrás tu burro.
         Poco después, un ayudante suyo llevó a casa de la mujer un burro de carga, en cuyos lomos habían escrito con pintura eterna una consigna electoral para que nadie olvidara que era un regalo del senador.
         En el breve trayecto de la calle hizo otros gestos menores, y además le dio una cucharada a un enfermo que se había hecho sacar la cama a la puerta de la casa para verlo pasar. En la última esquina, por entre las estacas del patio, vio a Nelson Farina en el chinchorro y le pareció ceniciento y mustio, pero lo saludó sin afecto:
         —Cómo está.
         Nelson Farina se revolvió en el chinchorro y lo dejó ensopado en el ámbar triste de su mirada.
         —Moi, vous savez —dijo.
         Su hija salió al patio al oír el saludo. Llevaba una bata guajira ordinaria y gastada, y tenía la cabeza guarnecida de moños de colores y la cara pintada para el sol, pero aun en aquel estado de desidia era posible suponer que no había otra más bella en el mundo. El senador se quedó sin aliento.
         —¡Carajo —suspiró asombrado— las vainas que se le ocurren a Dios!
         Esa noche, Nelson Farina vistió a la hija con sus ropas mejores y se la mandó al senador. Dos guardias armados de rifles, que cabeceaban de calor en la casa prestada, le ordenaron esperar en la única silla del vestíbulo.
         El senador estaba en la habitación contigua reunido con los principales del Rosal del Virrey, a quienes había convocado para cantarles las verdades que ocultaba en los discursos. Eran tan parecidos a los que asistían siempre en todos los pueblos del desierto, que el propio senador sentía el hartazgo de la misma sesión todas las noches. Tenía la camisa ensopada en sudor y trataba de secársela sobre el cuerpo con la brisa caliente del ventilador eléctrico que zumbaba como un moscardón en el sopor del cuarto.
         —Nosotros, por supuesto, no comemos pajaritos de papel —dijo—. Ustedes y yo sabemos que el día en que haya árboles y flores en este cagadero de chivos, el día en que haya sábalos en vez de gusarapos en los pozos, ese día ni ustedes ni yo tenemos nada que hacer aquí. ¿Voy bien?
         Nadie contestó. Mientras hablaba, el senador había arrancado un cromo del calendario y había hecho con las manos una mariposa de papel. La puso en la corriente del ventilador, sin ningún propósito, y la mariposa revoloteó dentro del cuarto y salió después por la puerta entreabierta. El senador siguió hablando con un dominio sustentado en la complicidad de la muerte.
         —Entonces —dijo— no tengo que repetirles lo que ya saben de sobra: que mi reelección es mejor negocio para ustedes que para mí, porque yo estoy hasta aquí de aguas podridas y sudor de indios, y en cambio ustedes viven de eso.
         Laura Farina vio salir la mariposa de papel. Sólo ella la vio, porque la guardia del vestíbulo se había dormido en los escaños con los fusiles abrazados. Al cabo de varias vueltas la enorme mariposa litografiada se desplegó por completo, se aplastó contra el muro, y se quedó pegada. Laura Farina trató de arrancarla con las uñas. Uno de los guardias, que despertó con los aplausos en la habitación contigua, advirtió su tentativa inútil.
         —No se puede arrancar —dijo entre sueños—. Está pintada en la pared.
         Laura Farina volvió a sentarse cuando empezaron a salir los hombres de la reunión. El senador permaneció en la puerta del cuarto, con la mano en el picaporte, y sólo descubrió a Laura Farina cuando el vestíbulo quedó desocupado.
         —¿Qué haces aquí?
         —C'est de la part de mon pére— dijo ella.
         El senador comprendió. Escudriñó a la guardia soñolienta, escudriñó luego a Laura Farina cuya belleza inverosímil era más imperiosa que su dolor, y entonces resolvió que la muerte decidiera por él.
         —Entra —le dijo.
         Laura Farina se quedó maravillada en la puerta de la habitación: miles de billetes de banco flotaban en el aire, aleteando como la mariposa. Pero el senador apagó el ventilador, y los billetes se quedaron sin aire, v se posaron sobre las cosas del cuarto.
         —Ya ves —sonrió hasta la mierda vuela.
         Laura Farina se sentó como en un taburete de escolar. Tenía la piel lisa y tensa, con el mismo color y la misma densidad solar del petróleo crudo, y sus cabellos eran de crines de potranca y sus ojos inmensos eran más claros que la luz. El senador siguió el hilo de su mirada y encontró al final la rosa percudida por el salitre.
         —Es una rosa —dijo.
         —Sí —dijo ella con un rastro de perplejidad—, las conocí en Rlohacha.
         El senador se sentó en un catre de campaña, hablando de las rosas, mientras se desabotonaba la camisa. Sobre el costado, donde él suponía que estaba el corazón dentro del pecho, tenía el tatuaje corsario de un corazón flechado. Tiró en el suelo la camisa mojada y le pidió a Laura Farina que lo ayudara a quitarse las botas.
         Ella se arrodilló frente al catre. El senador la siguió escrutando, pensativo, y mientras le zafaba los cordones se preguntó de cuál dé los dos sería la mala suerte de aquel encuentro.
         —Eres una criatura —dijo.
         —No crea —dijo ella—. Voy a cumplir 19 en abril.
         El senador se interesó.
         —Qué día.
         —El once —dijo ella.
         El senador se sintió mejor. “Somos Aries”, dijo. Y agregó sonriendo:
         —Es el signo de la soledad.
         Laura Farina no le puso atención pues no sabía qué hacer con las botas. El senador, por su parte, no sabía qué hacer con Laura Farina, porque no estaba acostumbrado a los amores imprevistos, y además era consciente de que aquél tenía origen en la indignidad. Sólo por ganar tiempo para pensar aprisionó a Laura Farina con las rodillas, la abrazó por la cintura y se tendió de espaldas en el catre. Entonces comprendió que ella estaba desnuda debajo del vestido, porque el cuerpo exhaló una fragancia oscura de animal de monte, pero tenía el comzón asustado y la piel aturdida por un sudor glacial.
         —Nadie nos quiere —suspiró él.
         Laura Farina quiso decir algo, pero el aire sólo le alcanzaba para respirar. La acostó a su lado para ayudarla, apagó la luz, y el aposento quedó en la penumbra de la rosa. Ella se abandonó a la misericordia de su destino. El senador la acarició despacio, la buscó con la mano sin tocarla apenas, pero donde esperaba encontrarla tropezó con un estorbo de hierro.
         —¿Qué tienes ahí?
         —Un candado —dijo ella.
         —¡Qué disparate! —dijo el senador, furioso, y preguntó lo que sabía de sobra—: ¿Dónde está la llave?
         Laura Farina respiró aliviada.
         —La tiene mi papá —contestó—. Me dijo que le dijera a usted que la mande a buscar con un propio y que le mande con él un compromiso escrito de que le va a arreglar su situación.
         El senador se puso tenso. “Cabrón franchute”, murmuró indignado. Luego cerró los ojos para relajarse, y se encontró consigo mismo en la oscuridad. Recuerda —recordó— que seas tú o sea otro cualquiera, estaréis muerto dentro de un tiempo muy breve, y que poco después no quedará de vosotros ni siquiera el nombre. Esperó a que pasara el escalofrío.
         —Dime una cosa —preguntó entonces—: ¿Qué has oído decir de mí?
         —¿La verdad de verdad?
         —La verdad de verdad.
         —Bueno —se atrevió Laura Farina—, dicen que usted es peor que los otros, porque es distinto.
         El senador no se alteró. Hizo un silencio largo, con los ojos cerrados, y cuando volvió a abrirlos parecía de regreso de sus instintos más recónditos.
         —Qué carajo —decidió— dile al cabrón de tu padre que le voy a arreglar su asunto.
         —Si quiere yo misma voy por la llave —dijo Laura Farina.
         El senador la retuvo.
         —Olvídate de la llave —dijo— y duérmete un rato conmigo. Es bueno estar con alguien cuando uno está solo.
         Entonces ella lo acostó en su hombro con los ojos fijos en la rosa. El senador la abrazó por la cintura, escondió la cara en su axila de animal de monte y sucumbió al terror. Seis meses y once días después había de morir en esa misma posición, pervertido y repudiado por el escándalo público de Laura Farina, y llorando de la rabia de morirse sin ella.

martes, 5 de julio de 2011

La Libertad Sancho ¡

La Libertad Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos, con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran entre la Tierra y el mar; por la Libertad así como por la honra, se puede y se debe aventurar la vida¨ 
                                                                                                                      Miguel de Cervantes